Search

Suggested keywords:
Bg Shape Bg Shape

Las cosas que dejaste sin llevarte

Lo que no dije en voz alta
T.Valverde's profile image

T.Valverde

August 21, 2025 (Reading Time: 6 min.)

No entiendo cómo uno puede vaciar un piso y dejarlo tan lleno a la vez.

Te llevaste tu ropa, tus libros, tu cargador, hasta tu vieja cazadora de cuero que siempre decías que ibas a tirar pero nunca lo hacías. Te llevaste tu taza favorita, tus zapatillas gastadas, tus apuntes garabateados, tu música en los auriculares y ese gesto de mover los dedos cuando estabas pensando. Te llevaste todo lo visible. Todo lo que se puede empacar, pesar y cerrar con cremallera.

Pero dejaste más de lo que crees.

Hay presencias que no caben en una maleta. Están hechas de tiempo, de rutina, de lo que se comparte sin nombrarlo. Y esas, sin que nadie las vea, se quedan. Como se queda el polvo que se acumula bajo la alfombra aunque se limpie. Como el olor que deja el humo en las cortinas. Como el eco en una casa vacía.

Los primeros días después de tu marcha no podía evitar caminar con sigilo, como si aún durmieras en la habitación de al lado. Me sorprendí dos veces a punto de prepararte el café. Tu café, amargo, sin azúcar, con esa gota de leche que decías que no hacía falta pero siempre agradecías. Me quedaba quieta en la cocina, taza en mano, observando el vapor y recordando que ya no. Que el desayuno era solo mío, y que el silencio, aunque idéntico, sonaba distinto.

Abrí el armario del baño y ahí seguía tu crema de afeitar. No sé por qué no la tiré. Era la que siempre decía que te irritaba la piel, y sin embargo insistías en usarla. La dejé ahí como quien deja una nota escondida, un recordatorio de que exististe, de que compartimos el mismo espejo. Me miré en él y me pareció ver tu reflejo, un segundo apenas, y comprendí que los fantasmas no siempre asustan. A veces reconfortan.

También encontré un calcetín suelto, metido entre mis camisetas. Uno gris, sin pareja. Me hizo reír. Era tu especialidad: perder calcetines, llaves, trenes. Pero no eras descuidado, simplemente tenías la cabeza llena de otras cosas. Proyectos, ideas, pensamientos que a veces decías en voz alta como si yo pudiera seguirte el ritmo. A veces podía. Otras fingía que sí, solo para quedarme cerca de ti un poco más.

En la mesita de noche está el libro que nunca terminaste. Dijiste que ibas por la mitad pero que no te enganchaba, que era de esos libros que prometen más de lo que cumplen. Pensé en leerlo, terminarlo por ti, pero no lo hice. Lo dejé abierto en la misma página desde entonces. Como si cerrar el libro fuera también cerrar algo nuestro. Como si el marcapáginas fuese un punto y aparte que no me atrevía a escribir.

Tu espacio en el armario quedó vacío, pero no. Todavía huele a ti, a ese perfume que solo usabas en invierno, al aroma de los abrigos húmedos tras un paseo bajo la lluvia. Me meto en ese rincón de vez en cuando. Solo para respirar un poco de pasado. Solo para no olvidarte del todo.

Una tarde encontré una nota tuya. En el reverso de una factura, como solías hacer. Decía: “No olvides comprar naranjas” y una carita mal dibujada. Era de enero, lo recordé enseguida. Te habías obsesionado con las naranjas por alguna razón, y llenabas la cocina con redes de fruta como si esperáramos visitas constantes. No lo hacíamos, pero tú decías que la casa debía estar “llena de vida”. Me hizo llorar la primera vez que la vi. Me hace sonreír ahora. Las naranjas siguen apareciendo en mi cesta de la compra. Supongo que algunas costumbres son solo excusas para mantener vivos a los que se fueron.

Y luego están los silencios.

Esos sí que no te los llevaste. Dejaste muchos. Todos esos momentos en los que callaste lo que sentías, lo que dudabas, lo que no supiste cómo poner en palabras. Los guardé todos, sin querer. Como cartas sin abrir, esperando algún día encontrar la llave para entenderte. Me pregunto si pensabas en irte mucho antes de hacerlo. Si en aquellas últimas cenas, cuando hablábamos poco y tú mirabas el plato más que a mí, ya sabías que estabas a punto de marcharte. Me hubiera gustado que lo dijeras. Aunque doliera. Aunque no pudiera detenerte.

Te fuiste sin cerrar la ventana del dormitorio. Como siempre. A veces pienso que lo hiciste a propósito, para que el aire siguiera entrando, para que algo tuyo aún se moviera con el viento. El primer día que llovió después de tu marcha, el marco se empapó. Me enfadé. Cerré la ventana con rabia. Pero al rato la abrí de nuevo. Porque el aire quieto me oprimía. Porque una casa cerrada del todo es como un pecho que no respira.

No sé si alguna vez vas a volver a recoger lo que dejaste. No me refiero a cosas materiales, no. Esas ya no importan. Me refiero a los gestos que aún cuelgan en los pasillos, a las frases inacabadas que todavía resuenan, a las preguntas que no me animé a hacerte cuando aún tenía sentido esperar respuesta.

Y sin embargo, no quiero que vuelvas.

O sí. Pero no como antes. No con ese cansancio en los ojos ni esa forma de tocarme como si ya no supieras cómo hacerlo. Si alguna vez regresas, que sea con la certeza de que lo que dejamos a medias aún merece una segunda oportunidad. O con la valentía de decir que no. Pero decirlo bien. No con el cuerpo que se aleja sin hablar, sino con palabras. Con todas esas que se quedaron, como tus cosas, dispersas en rincones que solo yo sé ver.

Me preguntan a veces si aún pienso en ti. Y no sé qué responder. No pienso en ti como antes, es verdad. Pero estás. No en cada minuto, pero sí en los imprevistos. En una canción que suena en el bar. En una frase que leo y me parece tuya. En el reflejo de un desconocido que cruza la calle con tu forma de andar. Estás en lo que no controlo. En lo que no espero. En lo que no puedo borrar.

Quizá eso sea lo más difícil de aceptar. Que las personas no se van del todo. Que aunque desaparezcan de nuestra vida, siguen apareciendo en nuestra memoria como si fueran personajes secundarios que no saben que ya terminó la historia.

O quizá no terminó.

Tal vez no todas las historias necesitan un final para ser importantes. Algunas simplemente se disuelven. Como las cartas que se escriben pero nunca se envían. Como las promesas que se hacen con la mirada y no con la boca. Como las despedidas que no suenan, pero se sienten.

Sí, te llevaste muchas cosas. Pero dejaste otras. Y con eso me quedé. Con los restos. Con los hilos sueltos. Con las palabras no dichas. Con las cosas que no supiste llevarte porque no sabías que te pertenecían.

Y yo… yo tampoco sabía que iban a doler tanto.

Únete a la conversación

Comparte tus impresiones,
sé parte del viaje creativo de esta historia

Comentarios
  • DiegoAranda's profile image
    DiegoAranda Aug. 21, 2025, 1:31 a.m. Me encanta, espero el siguiente!! :)
    Responder

Por favor, Acceso o Registro

Usuarios suscritos a Lo que no dije en voz alta
Comentarios más Relevantes
  • DiegoAranda's profile image
    DiegoAranda Aug. 21, 2025, 1:31 a.m. Me encanta, espero el siguiente!! :)
Nuestra Newsletter
* indica que es obligatorio

Intuit Mailchimp